
La significativa reducción de la pobreza y la indigencia registrada en el segundo semestre de 2025 representa un alivio para millones de hogares argentinos, aunque el informe del IERAL elaborado por Laura Caullo y Guadalupe Galindez (responsables de la sección Social-Laboral) subraya las fragilidades que amenazan su sostenibilidad.
“El dato de pobreza individual del segundo semestre de 2025 (28,2%) muestra una mejora significativa respecto al mismo período del año anterior (38,1%), con una reducción cercana a los 10 puntos porcentuales. En el caso de la indigencia, la tasa se ubica en 6,3%, por debajo del 8,2% registrado un año atrás. En términos absolutos, esto implica que 13 millones de personas no lograron cubrir la canasta básica total con sus ingresos y que, dentro de ese grupo, 2,9 millones no alcanzaron siquiera a cubrir los requerimientos nutricionales básicos”, detalla el documento, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias.
Esta mejora, según el análisis, “se explica, en buena medida, por una recuperación de los ingresos de los hogares en relación con el costo de las canastas básicas”. Sin embargo, los autores advierten que “detrás de esta dinámica aparece una señal menos favorable. Al observar lo que ocurre dentro del mercado laboral, se advierte que en los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026 los ingresos comienzan a evolucionar por debajo de la inflación, lo que introduce interrogantes sobre la sostenibilidad de esta tendencia”.

Los datos salariales refuerzan esta preocupación. “Bajo el supuesto de un incremento salarial del 3% en febrero de 2026, en línea con la evolución del IPC general y considerando que el último dato oficial disponible corresponde a enero, se tiene que los salarios del sector privado registrado crecieron un 32,3% entre febrero de 2025 y febrero de 2026. Este aumento se ubica por debajo de la inflación general (36,2%) y considerablemente por detrás del aumento en los precios de los alimentos (40,4%) y de la canasta básica alimentaria (42,1%) en el mismo periodo”, precisan Caullo y Galindez.
Aunque “los salarios totales muestran una dinámica algo más favorable, con un crecimiento del 37,8%, aunque igualmente insuficiente para acompañar el encarecimiento de los bienes esenciales”. El informe señala que “la evolución futura del indicador de pobreza estará fuertemente condicionada por la dinámica de los precios. En un escenario en el que los alimentos crecen por encima del nivel general, incluso ajustes salariales alineados con la inflación promedio pueden resultar insuficientes para sostener el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables”.

La mirada territorial confirma tanto la amplitud de la mejora como las persistentes desigualdades. La reducción se extendió a todos los aglomerados urbanos, con caídas superiores a 18 puntos porcentuales en lugares como Santiago del Estero-La Banda, Formosa y Gran Resistencia. No obstante, “en Concordia, casi la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza, mientras que en Gran Resistencia supera el 40%. A su vez, aglomerados como La Rioja, Catamarca, San Juan, San Nicolás, Rawson y Partidos del Gran Buenos Aires conservan más de un tercio de la población en la pobreza”, mientras que Gran Córdoba (23,2%) y Rosario (22,3%) muestran incidencias menores. En el caso de Tucumán la baja en este índice fue de 17,2 puntos entre el segundo semestre de 2024 e igual período de 2025, pasando del 40,8% al 23,6%.
En indigencia también persisten fuertes contrastes: Concordia (13,6%) y Gran Resistencia (13,2%) registran las tasas más altas, frente a Neuquén-Plottier (2,7%) y CABA (2,6%). Algunas ciudades incluso vieron aumentar su indigencia (Bahía Blanca-Cerri, Gran La Plata y Gran Santa Fe), aunque las fuertes caídas en otros distritos compensaron el indicador nacional.

“Estas disparidades evidencian que la pobreza en Argentina no es un fenómeno uniforme, sino que responde a estructuras productivas, niveles de informalidad y oportunidades de ingreso disímiles entre regiones. Todo ello en el marco de un crecimiento económico heterogéneo, con dinámicas sectoriales diferenciadas entre actividades generadoras de divisas y aquellas más intensivas en empleo”, analizan las autoras.
A pesar de la importante baja registrada, el informe cierra con una nota de cautela: la mejora “no debería ocultar las fragilidades persistentes. Su evolución en los próximos meses dependerá no solo de la estabilidad de precios, sino también de la capacidad del mercado laboral para generar ingresos más robustos y sostenibles a lo largo del país”.